Imposibles

Date vuelta y cierra la puerta. No va a volver, y estamos a principios de febrero, el frío se apodera de cualquier lugar, y tu corazón ya está invadido, está frío. Es imposible que digas que le amas, porque esto ya no es amor ni mierdas. Es pura costumbre. La costumbre de recordar su nombre cuando necesitas un abrazo, la costumbre de dibujar corazones rellenos de su nombre, la costumbre de escuchar canciones que te hagan recordarle de cualquier forma. Esto ya no es vida, y admítelo, no le necesitas tanto como te repetías cada noche. No necesitas a él ni a nadie para seguir viviendo. ¿Por qué de eso se trata, no? De seguir a delante como sea, superar cada caída levantándote con un “Que patosa soy”. Se trata de sonreír tanto hasta que los ojos los lleves hinchados. Porque seamos realistas, nada acaba si ni siquiera se empieza.

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